¿ Son inevitables los ciclos económicos ?

elconfidencial, Antonio España, 2.011-09-06

Probablemente estén ustedes cansados ya del ciclo actual que dura unos años y en el que últimamente no ganamos para sustos. Y si tienen una cierta edad, es posible que hayan vivido más de un ciclo recesivo, por lo que a lo mejor les sorprende la siguiente afirmación: la economía no tiene por qué ser necesariamente cíclica. Si entendemos esto, es posible que descubramos las claves, no sólo para acabar con la crisis actual de una vez por todas, sino para no volver a vivir episodios de este tipo nunca más.

En efecto, mientras que los amantes del intervencionismo, desde Marx y Keynes a Krugman, tratan de convencernos de que las crisis son fenómenos consustanciales al capitalismo y, por tanto, consecuencia de la actividad empresarial, del laissez-faire y de la falta de regulación que deben ser “corregidas” por el estado, otros economistas como Mises o Hayek nos enseñaron hace ya tiempo que los ciclos económicos no son inherentes a la economía de mercado.

Y es que, en el fondo, los ciclos se originan porque los gobernantes y los economistas que les proporcionan las bases teóricas a sus políticas, sean de corte intervencionista keynesiano o liberales monetaristas a la Friedman, suelen ignorar dos ideas económicas estrechamente relacionadas. La primera, que los tipos de interés no son un instrumento de política monetaria sino un fenómeno de mercado que refleja la valoración, siempre subjetiva, que realizamos los individuos de los bienes presentes con respecto a los bienes futuros. Y la segunda, que ahorro e inversión son las dos caras de una misma moneda: no puedo invertir ni un euro más de lo que ahorro. En una economía sólo hay disponible para invertir la parte de las rentas que los individuos han renunciado a consumir hoy para consumirla en un futuro.

Permítanme profundizar un poco más en estas dos ideas.

Los tipos de interés son un fenómeno de mercado

Por un lado, el tipo de interés es el resultado de un proceso de mercadoequivalente a aquél por el que se determinan los precios de los demás bienes y servicios. Un proceso por el que los ahorradores, que prefieren gastar su dinero en el futuro a hacerlo hoy, se lo ofrecen a los inversores, que lo necesitan ahora, a cambio de una tasa de interés que acuerdan voluntariamente.

Así, en una economía no intervenida, los tipos de interés bajan cuando ahorramos más de lo que solíamos hacerlo. Dicho de forma simple: hay más demanda de plazos fijos y por lo tanto su “precio” tenderá a subir-bajan los intereses. De este modo, el mercado envía una señal nítida a los empresarios: hay más ahorro disponible para invertir. Esto se refleja en un aumento del valor actual neto de los proyectos de inversión, que pasan a ser rentables al reducirse la tasa a la que los empresarios descuentan los flujos de caja previstos.

Por lo tanto, cualquier manipulación de los tipos de interés, y la intervención de los bancos centrales lo es, distorsiona el proceso de toma de decisiones de los agentes, al igual que ocurre con el precio de cualquier producto. Y estos casos siempre concluyen con consecuencias no deseadas y generalmente opuestas a las perseguidas.

Ahorro e inversión son las dos caras de la misma moneda

Por otro lado, con la excepción de la porción mínima que se atesora —se guarda en el calcetín—, el ahorro generado en la economía, tiende a ser canalizado a través del sistema financiero —los mercados— hacia los proyectos de inversión que acometen los emprendedores y que, a la postre, son los que generan el ansiado crecimiento económico.

Lo que consumimos, por definición, no lo podemos ahorrar. Y lo que no se ahorra no se puede invertir. Porque de donde no hay, no hay. Ni se va a dar el milagro keynesiano de convertir piedras en pan ni la falsa amenaza de una invasión alienígena nos va a sacar de la crisis. Es el ahorro individual y no el consumo, como pretenden convencernos los seguidores de Keynes, lo que hace que una economía crezca de manera saludable. La creencia contraria es la que hace que nos encontremos como nos encontramos y no terminemos de levantar cabeza.

Sin embargo, todos los ciclos que terminan con una profunda recesión se caracterizan porque arrancan con una fase de euforia —de exuberancia irracional según Greenspan— en la que se inician más proyectos de inversión que ahorro existe para suministrar los recursos necesarios para concluirlos con éxito. Este error se produce porque nos trastocan la importante brújula que suponen los tipos de interés en una economía libre y no intervenida.

Pero no se puede estar en misa y repicando. No podemos estar ahorrando y consumiendo a la vez. Aunque tardemos años o décadas, tarde o temprano descubrimos el error —o el engaño— y entonces se produce la debacle. En algún momento nos damos cuenta de que hay proyectos que en la vida tendrán la rentabilidad esperada y que hay otros que ni siquiera se podrán acabar —y con ellos, créditos que nunca se devolverán. Y entonces la expansión se frena en seco y nos estampamos todos contra el parabrisas de la realidad.

A partir de ahí ya conocemos la historia: crisis financiera con rescates y quiebras de bancos a la que le sigue la crisis de la llamada economía real eintentos públicos por todos los medios de frenar la crisis, tanto con planes de estímulo monetario —como los sucesivos quantitative easings deBernanke o las inyecciones de liquidez del BCE— como con planes de estímulo fiscal —como nuestro PlanE para hacer rotondas o el Stimulus Package de Obama—, que han terminado drenando la propia solvencia del sector público y, lo que es peor, asfixiando cualquier tímido brote verde del sector privado.

Por tanto, la depresión es consecuencia, esta sí inevitable, de la intervención del estado en el mercado del dinero y del crédito y la única medida para evitarla —y salir de la crisis— es renunciar a ella. Si existiera valentía política y visión a largo plazo, podrían acabarse con los ciclos económicos tal y como los conocemos hoy.

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¿ le conoces ? … yo tampoco, ¡¡¡ pero está tan feliz !!!

Euforia ibérica: Ibex (+5,4%)

El Ibex firma su mayor subida desde mayo de 2.010 y supera los 10.100 puntos.

No le conozco, pero le he visto tan feliz, que no he tenido más remedio que publicarlo y difundirlo … ¡¡¡ qué envidia de felicidad !!!


Especulación contra la deuda pública : cómo se ceba la bomba bajista

carlos renedo

Muy interesante y simple explicación de lo que está pasando

El mercado suele ser inmisericorde cuando detecta debilidad en un determinado activo, ya sea este acciones, bonos, divisas o materias primas. En mayo pasado los inversores, al observar la fragilidad de las cuentas públicas, presionaron de tal forma a la deuda pública griega que los diferenciales con las emisiones más solventes como la alemana se ampliaron de tal forma que forzaron a Atenas a aceptar un rescate al impedir una financiación sostenible. El mismo esquema (con el mismo éxito) se repitió en el caso irlandés y ahora se está escenificando con los otros dos países periféricos que quedan: España y Portugal.

Daniel Pingarrón, estratega de mercado de IG Markets, cree que la situación que atraviesa España se debe fundamentalmente a la presión de los inversores de carácter más especulativo. En un informe distribuido a sus clientes esta semana describe cómo es el procedimiento de estos predadores. En primer lugar, según Pingarrón, un grupo de fondos, de gran tamaño y sofisticación se coordina para provocar un triple ataque: posiciones cortas (se piden prestados títulos para venderlos y comprarlos luego más baratos) en los valores bancarios de los países con dudas (en el caso español especialmente Santander y BBVA por su gran liquidez); compra de seguros contra impago de deuda (CDS por sus siglas en inglés) de los bonos problemáticos; y venta de futuros de esos mismos bonos.

Estas tres acciones, que se realizan de manera apalancada para mover así un nominal más elevado, contribuyen a que cunda el pánico, pánico que es recogido por los inversores convencionales o minoristas, agravando con ello el castigo”, explica el experto de IG Markets.

En mi opinión la compra de posiciones a corto y de futuros son productos financieros que utilizados sobre otros productos financieros sólo producen ganancia si se fuerza sus precios; solución prohibir este tipo de acciones.

Y mientras tanto, sólo se evitan esas acciones si se sabe que enfrente hay alguien que no permitirá que los precios bajen : el BCE y la FED.

Además ganarían el dinero que los especuladores perderían, porque apalancados han de volver a comprar los valores a precio de mercado para cumplir con sus futuros.

¿Qué es la prima de riesgo y cómo funciona?

el pais, álvaro romero, 2.010-11-30

Las tensiones en los mercados de deuda aumentan el coste de los Estados a la hora de salir a buscar financiación y condiciona a sus bancos

La presión a la que se está viendo sometida España en los mercados secundarios de deuda por la desconfianza sobre su solvencia ha disparado la prima de riesgo del país. Pero ¿qué es y qué significa para las finanzas de un Estado que suba la prima o que aumente la rentabilidad de sus bonos? Este último capítulo de la crisis del euro ha puesto en el primer plano de la actualidad algunos términos económicos a los que los ciudadanos no estaban acostumbrados o no conocían. Aquí puedes saber consultar qué son y sus consecuencias.

¿Qué es la prima de riesgo?: Es el sobreprecio que exigen los inversores por comprar la deuda de un país frente a la alemana, cuyo precio es el que se utiliza como base o referencia ya que está considerada como la más segura y es menos propensa a sufrir bandazos en función de factores coyunturales o puntuales -crecimiento, déficit…-. En términos generales se puede traducir por cuánto dinero es necesario para que los compradores dejen de lado sus temores y olviden el riesgo que conlleva entrar en la deuda de los países señalados por los problemas arriba mencionados de déficit o escaso crecimiento. La razón de este rechazo es que si el inversor sospecha que no entra dinero en las arcas del Estado o no el suficiente, tampoco habrá fondos para pagar a quienes adquirieron su deuda.

¿Cómo se fija la rentabilidad de los bonos?: Antes de explicar cómo se mide la prima de riesgo hay que abordar qué es la rentabilidad de la deuda de los países y cómo se fija. El Estado realiza sus emisiones a través de subastas en el mercado primario de deuda soberana a un precio -interés- que varía en función de la demanda o el plazo de vencimiento de los títulos, pero que no cambia a lo largo de su vigencia. Los títulos pueden ser a corto (3, 6, 12 o 18 meses) o largo plazo (3, 5, 10, 15 o 30 años), pero cuanto mayor es, los inversores exigen más rentabilidad, ya que no van a volver a disponer de su dinero hasta que concluya este tiempo y necesitan un buen incentivo para tomar la decisión. Los compradores de los títulos son los llamados inversores institucionales: bancos y grandes fondos de inversión que mueven millones de euros con un solo click de ratón.

¿De qué depende?: Así, en momentos como los actuales, cuando los inversores priorizan la seguridad, aumentan las solicitudes para entrar en la deuda alemana, considerada como refugio contra el chaparrón que está cayendo sobre la eurozona ya que hay una sólida confianza en que pagará religiosamente pase lo que pase. Por este motivo, ante la abultada demanda, baja el interés de sus bonos, actualmente en torno al 2,6% en la deuda a 10 años. Esto es, por cada 100 euros de deuda alemana a este plazo, el comprador recibe 2,6 euros anuales hasta que, una vez cumplidos 10 años, se le devuelva el 100% de su inversión.

¿Cómo se calcula la prima de riesgo?: Los bonos de un determinado país, una vez emitidos, se intercambian libremente en los mercados secundarios de deuda a un interés o rendimiento que varía a cada momento en función de la demanda. Es aquí donde se calcula la prima a partir de la diferencia entre los bonos a 10 años de un país frente a los de Alemania ya que este mercado, que tiene el mismo perfil de inversor que el primario, es más permeable a las circunstancias concretas que afectan a cada Estado en un momento concreto y refleja mejor la percepción del riesgo de los inversores. No obstante, aunque son mercados diferenciados, se retroalimentan entre ellos ya que el interés al que cotizan los bonos en el secundario siempre se acaba trasladando al primario y, por tanto, al precio de las subastas que realiza el Tesoro y, de ahí, a las arcas del Estado en cuestión. Y vuelta a empezar.

¿Qué efectos tiene para las arcas del Estado?: Por tanto, si los bund alemanes se venden en el secundario al 2,6% frente al 5,6% que piden por los de España dada las posibilidades, aunque sean mínimas, de que tenga problemas a la hora de pagar, la prima es de 3 puntos porcentuales o 300 puntos básicos. O dicho de otra manera, cuando la prima se traslada a las subastas del Estado, si Alemania, con poco riesgo, tiene que pagar 2,6 euros por cada 100 euros de deuda a 10 años que emite para financiarse, a España, que tiene más riesgos, se le exigen 5,6 euros. Si multiplicas la diferencia por las decenas de miles de millones de deuda que cada año emite un país para financiarse, la cifra que resulta no es nada desdeñable. A modo de ejercicio teórico sobre el caso concreto de España y si se aplica este diferencial al total de la deuda a 10 años en circulación que había a cierre de octubre, que no es tal, el Tesoro debería abonar un sobreprecio de 430 millones frente a Berlín. Pero, como estos bonos solo representan el 31% del total de la deuda española pendiente de devolver a los inversores, el impacto de la prima sobre el conjunto de títulos emitidos supera ampliamente los cuatro dígitos y equivale, por ejemplo, al ahorro esperado con la congelación de las pensiones para el próximo año.

¿Cómo afecta a los bancos?: Haciendo bueno el refrán de dime con quién andas y te diré quien eres, los bancos de cada país son indisolublemente dependientes a lo que suceda con el Estado en cuestión. Si el país tiene problemas, ellos tienen problemas, por lo que cuando acuden al mercado interbancario -donde las entidades se prestan dinero entre sí- para financiarse, pagan más o menos en función de si la prima es alta o baja. Y si a los bancos les cuesta más dinero captar fondos, también incrementarán los intereses que les cobran a sus clientes por los créditos. En consecuencia, si los préstamos son más caros, hay menos dinero para las familias y las empresas, con lo que gastan menos y lastran la recuperación de la economía. Y si se crece menos, menos empleo y menos ingresos por impuestos tiene el Estado y más desembolso por el paro. Con menos fondos, registra más problemas para reducir la déficit y pagar a sus acreedores, con lo que cada vez resulta más difícil volver a un estado de solvencia mientras la partida por intereses aumenta imparable, y como gasta más de lo que ingresa decide sacar la tijera y se resiente el crecimiento… Y como diría un popular personaje de dibujos animados, “hasta el infinito y más allá”.

¿Que supone para el conjunto de la economía?: Para hacerse una idea de como está el patio, si la prima de España está en torno a los 290 puntos básicos, la de Grecia, el país que abrió la caja de los truenos de la crisis, está en 900, y la de Irlanda, el segundo en caer, en 600. La de Portugal, considerado como la próxima víctima, se mantiene en 440. Según cálculos de Bruselas, si un país tiene una prima de 400 puntos básicos y no toma medidas, es probable que el impacto del sobrecoste por financiarse en el conjunto de su economía genere un impacto negativo en el Producto Interior Bruto de un 0,8% anual. Una cifra que, en estos momentos en los que unas décimas separan el crecimiento de la recesión, puede suponer la frontera entre el éxito y el fracaso.

¿ Quién tirará de la economía y el empleo ?

@el_pais, Antón Costas, 2.010-08-17

No deberíamos aceptar el desempleo masivo como la “nueva normalidad” que nos ha traído la crisis

La española es la economía de la OCDE que mejor mantiene su cuota en mercados globales

Una tentación fácil para las autoridades es seleccionar discrecionalmente nuevos sectores (por ejemplo, las energías renovables), que mediante fuertes ayudas tiren del empleo. Sería un error. No hay que buscar sectores sustitutivos del inmobiliario, hay que fomentar la competitividad de todas las actividades que tienen capacidad para vender bienes y servicios en los mercados globales. De ahí vendrá la demanda de empleo estable que necesitamos.

Pero antes, permítanme una consideración sobre la urgencia de encontrar un atajo para crear empleo. No deberíamos aceptar el desempleo masivo como la “nueva normalidad” que nos ha traído la crisis. Sorprende ver la facilidad con que economistas y políticos aceptan que el desempleo de larga duración es un “rasgo estructural” frente al cual solo cabrían las prejubilaciones y las reformas estructurales. Como las quiebras bancarias, el desempleo masivo tiene naturaleza de “riesgo sistémico”: no es solo un drama para el que lo sufre, sino un mal para el sistema económico en su conjunto. Y por tanto, para la cohesión social y el sistema político. De ahí que haya que actuar con la misma rapidez y contundencia que frente a las quiebras financieras. Urgencia que se acentúa cuando vemos que la forma que tienen las empresas de mejorar su productividad en medio de la recesión es despidiendo empleados.

¿De dónde vendrán los impulsos para mantener y crear nuevo empleo? Sometida como está nuestra economía a una necesaria cura de adelgazamiento, no podrá venir del gasto interno. El consumo de las familias se ha recuperado ligeramente, haciendo que la economía salga de la recesión, pero seguirá débil debido a la necesidad de ahorrar para reducir endeudamiento y al miedo frente al futuro. La inversión se mantendrá anémica, tanto porque el consumo es débil como porque las empresas vienen de una fase de elevada inversión, ahora sin utilizar. Y el gasto del sector público estará sometido a cuarentena, para reducir el déficit y la deuda pública.

En estas circunstancias, los impulsos hay que buscarlos principalmente en la demanda externa, es decir, en el aumento de los bienes y servicios producidos para su venta en los mercados globales (incluidas las ventas en el mercado interno que sustituyen importaciones).

¿Podemos? Algunas buenas noticias pueden fortalecer nuestra autoestima y la confianza en nuestras empresas.

Si medimos la competitividad por la capacidad para mantener la cuota de mercado, la española ha sido la economía de la OCDE que desde el año 2000 mejor ha sabido mantener su cuota en los mercados globales, a pesar del euro fuerte y de la competencia asiática. (Con la excepción, eso sí, de Alemania, pero va fuera de concurso). Además, en plena recesión, es la que más ha aumentando su ritmo exportador.

Al señalar esta buena noticia, en ocasiones me he encontrado con la pregunta incrédula: ¿pero, qué exportamos? No solo “aperitivo y postre” (frutos secos, vinos de mesa y naranjas para el postre) y “sol y playa” (turismo), como algunos piensan. Exportamos también productos químicos, automóviles, textiles, calzado, material de oficina e informática, máquinas, herramientas o servicios. Dentro de esta última partida, el cambio ha sido espectacular. En 1990-1995 el turismo significaba el 21,5% de los ingresos por exportaciones, mientras que los servicios no turísticos (servicios a las empresas, ingeniería, etcétera) eran el 11,7%. En 2003-2009, estos últimos ascendían ya al 17,6% mientras que los ingresos por turismo eran el 16,2%. Los servicios empresariales y otros se han convertido en el sector más dinámico.

Esta mayor capacidad y diversidad exportadora es reflejo de la intensa modernización económica y empresarial experimentada desde la recesión de 1992-1994. Gran parte del tejido empresarial, del capital público productivo (las infraestructuras), de los emprendedores y del capital humano de nuestra economía ha cambiado profundamente. Somos exportadores netos de capitales, y las cuentas de muchas grandes empresas se alimentan cada vez más de los ingresos procedentes del exterior.

Pero, la burbuja inmobiliaria ha creado una imagen distorsionada de la economía española, ocultando esa internacionalización y capacidad de competir en los mercados globales. Falta construir una equity story, un relato de esa modernización que fortalezca la autoestima y confianza.

Lo que hay que hacer ahora es fomentar la competitividad de ese tejido de empresas que ya existe, que exporta o tiene potencial exportador, creador de empleo estable y de elevados salarios, no volver a primar artificialmente sectores que crean burbujas de empleo, temporal y de bajos salarios, que al pinchar dejan el reguero de paro que estamos viviendo. Esa es la causa por la que habiendo sido nuestra recesión menor, el paro haya sido muy superior que en otras economías.

¿Cómo impulsar la competitividad? Tenemos tres caminos. El más tradicional es una devaluación de la moneda que haga más baratos nuestros bienes y servicios en los mercados globales. Lo hicimos en 1993, en 1982 y en 1977. Pero ya no es posible. Nos va bien la devaluación del euro, pero tiene efectos limitados, dado que el 70% de nuestras exportaciones van a países del euro que también se ven beneficiados. El segundo camino es apoyar la mejora de la competitividad en ganancias de productividad, mediante las reformas estructurales, la política industrial y la innovación. Es lo que recomiendan todos los economistas. Y tienen razón. Pero el inconveniente es que sus efectos son a medio y largo plazo.

El tercero es posiblemente el único camino eficaz a corto plazo: coordinar una moderación de los salarios en el conjunto de la economía (no solo los funcionarios y pensionistas) con una reducción de precios de los servicios protegidos de la competencia y que entran en la cesta de la compra (comunicaciones, transportes, servicios profesionales, carnet de conducir y muchos otros). Eso permitiría mejorar la competitividad de los bienes y servicios que vendemos en los mercados globales al reducir sus costes y, a la vez, mantener la capacidad de compra de salarios y pensiones. Parece magia, pero funcionó en 1977 (pactos de la Moncloa) y en 1983 (medidas de Miguel Boyer). Eso sí, requiere liderazgo y capacidad política.

Una política de este tipo, si viene acompañada de una mejora de los flujos de capital y crédito a las empresas, hasta ahora bloqueados por el retraso en sanear y reestructurar cajas y bancos, daría lugar a un shock de competitividad que permitiría aumentar las exportaciones, generar empleo, reducir el desequilibrio comercial y disminuir la necesidad de financiación exterior.

Déjenme, para concluir, hacer una consideración política. Como he dicho, a largo plazo la competitividad ha de basarse en mejoras de productividad. Eso requiere reformas estructurales. A corto plazo, sin embargo, la competitividad ha de apoyarse en moderación de salarios y disminución de precios (mediante la aplicación efectiva de la Directiva europea de liberalización de servicios). Esto requiere políticas. Una buena estrategia de competitividad ha de combinar sabiamente el corto y el largo plazo, políticas y reformas.

Muchos analistas y el propio Gobierno están priorizando las reformas y relegando las políticas. En particular, la reforma del mercado de trabajo, de la que se esperan efectos demiúrgicos. El riesgo es quemar el ya escaso capital político del Gobierno en batallas cuyos efectos son, en el mejor de los casos, a largo plazo, impidiendo su uso para lograr los acuerdos sobre salarios y precios que necesita la economía española para provocar unshock de competitividad que tire del empleo. Pienso que es algo que debería ser tenido en cuenta.

Antón Costas Comesaña es catedrático de Política Económica en la Universidad de Barcelona.

Los últimos días de Lehman Brothers

CincoDías.com, 20/01/2010

A partir del 21 de enero de 2.010

Canal + estrena un documental sobre los últimos días de Lehman Brothers

Los últimos días de Lehman Brothers recrea todo lo que sucedió el 12 de septiembre de 2008, cuando el banco de inversiones Lehman Brothers se colapsó tras 158 años de historia. El derrumbamiento de Lehman Brothers fue debido a la crisis hipotecaria del mercado estadounidense arrastrando en su caída a otras instituciones financieras.

El documental, producido por BBC, cuenta con la participación de un elenco de actores de prestigio encabezado por el nominado al Oscar James Cromwell.

Se trata de una meticulosa reconstrucción de los acontecimientos reales para la que han trabajado conjuntamente los equipos de ficción y documentales de la prestigiosa cadena británica. Inspirado en los hechos que ocurrieron durante los siguientes tres días, el filme muestra a los protagonistas de este drama en una carrera contrarreloj para salvar la situación a lo largo de un fin de semana de negociaciones mantenidas por el entonces presidente del banco, Dick Fuld, con las autoridades estadounidenses para evitar la quiebra.

En esos dos días, Fuld trató de buscar una fusión o una inyección de capital por parte de EE UU que rescatase al banco, aunque finalmente fracasó y Lehman Brothers se declaró en bancarrota. Fundado en 1850, Lehman Brothers era uno de los bancos de inversión más antiguos de Wall Street.

Malo de Molina: España se enfrenta a la coyuntura más complicada desde 1959

Efe, 20/01/2010 – 15:20

El director del Servicio de Estudios del Banco de España, Jesús Malo de Molina, considera que Gobierno se enfrenta a la coyuntura “más complicada” desde que se aplicó en 1959 el Plan de Estabilización. Por eso, señaló que hay que adoptar medidas “ambiciosas” para corregir los desequilibrios que ya arrastraba la economía antes de que comenzaran a notarse los efectos de la recesión.

Malo de Molina ha solicitado reformas “estructurales” en la economía española para salir de la crisis que incluyan al mercado laboral, “sin simplificar” el debate sobre esta cuestión en torno al abaratamiento o no del despido.

Mercado laboral
Así, ha abogado por “innovar” con nuevas fórmulas de contratación que superen la dualidad entre empleo fijo y temporal, y que permitan mantener los derechos de los trabajadores indefinidos. No obstante, ha recordado que la reducción de 45 a 33 días de la indemnización por despido en determinadas circunstancias ya se puso en marcha, “los sindicatos la aceptaron y no ha funcionado”.

Asimismo, ha considerado necesario revisar la rigidez de la negociación colectiva dado que “no es razonable” que en un periodo de crisis se produzca un ajuste de precios en todos los ámbitos y que los costes laborales sigan creciendo a un ritmo del 4,1% anual.

Como tercer aspecto a reformar en el mercado laboral, ha mencionado la necesidad de mejorar la intermediación de forma que se potencie, “no tanto la protección al parado, como la empleabilidad de todas las personas”.

No hay más margen
El director del Servicio de Estudios afirmó que el recurso a los instrumentos de política monetaria está “al límite” y la política fiscal “expansiva” aplicada desde que comenzó la crisis “no tiene más margen”, tras haberse incrementado el déficit público en dos años en casi un 11%.

“Con el nivel de crecimiento actual no se puede financiar de forma estable el nivel de gasto público”, ha advertido antes de reclamar un “ajuste” en esta materia para evitar que esta situación lastre la credibilidad de la economía española en los mercados internacionales y condicione su futura recuperación.

En cuanto al sector financiero, Malo de Molina ha señalado que los problemas en España “están acotados” y debe resolver ahora su “sobredimensionamiento” y poner en marcha una reestructuración que garantice la fluidez del crédito cuando se supere la crisis.

En este sentido, ha considerado “secundaria” la posible politización de algunas decisiones adoptadas a la hora de impulsar la fusión entre cajas de ahorros, dado que la última palabra corresponderá al Banco de España “y sólo aprobará los procesos que sean viables”.